Recetas del pasado

Recetas del pasado

Por Itai Hagman y Pablo Wahren

Nota publicada en el diario Página 12

TEMAS DE DEBATE UN PROBLEMA DE LA ECONOMIA ARGENTINA QUE VA MAS ALLA DE LA COYUNTURA

La estructura desequilibrada

Si bien se hace referencia mayormente al desequilibrio sectorial, también alcanzan una dimensión significativa los desbalances geográficos. Eso se debe a las asimetrías territoriales de las actividades intensivas en cada factor: trabajo, capital y recursos naturales

 

Recetas del pasado

La caída de reservas internacionales del Banco Central concentra hoy la atención del Gobierno y de los analistas económicos. La nueva estrategia del Gobierno de acercamiento a los mercados internacionales para atraer dólares es celebrada por propios y ajenos. Sin embargo, si queremos avanzar en una senda de mejoras para las mayorías populares, no se deben repetir las recetas del pasado.

Los pagos al Ciadi (el tribunal arbitral del Banco Mundial), el acuerdo con Repsol, los acercamientos al FMI, la negociación de un swap comercial con China o la búsqueda de inversiones rusas y chinas son reflejo de la búsqueda ansiosa de fondos frescos de parte de mercados que antes eran esquivos. La aceleración del ritmo devaluatorio con el objetivo de achicar la brecha cambiaria conlleva peligrosos riesgos inflacionarios y, paradójicamente, ha sumado nuevas inestabilidades en el sector externo asociados al comportamiento especulativo de quienes concentran las exportaciones e importaciones. Ante las expectativas de devaluación, los exportadores pospusieron la liquidación de sus productos, cayó significativamente la prefinanciación de las ventas y se expandieron los anticipos de importación. Tanto es así que, en septiembre, el balance cambiario comercial tuvo el primer resultado negativo (999 millones de dólares) desde la salida de la convertibilidad y, si bien aún no se cuentan con datos para octubre y noviembre, es esperable que esta tendencia se mantuviera, en virtud de lo que evidencia la brusca caída de los ingresos por derechos de exportación en dichos meses.

El sector exportador de cereales y oleaginosas es el principal sospechoso de esta operación especulativa. Como esperan que el tipo de cambio siga aumentando, evitan vender la producción para hacerlo más adelante a mejor precio. Según estimaciones del CESO, habría un faltante de 6300 millones de dólares stockeados por los productores. Ante este escenario, según declaraciones del ministro de Agricultura, el Gobierno está diseñando un bono para ofrecerles a los exportadores a cambio de que liquiden su stock e ingresen divisas. Este papel estaría ajustado por el tipo de cambio oficial, lo que les permitiría a los acaparadores de soja cambiarlos dentro de los próximos 180 días sin perder la ganancia que implica el encarecimiento del dólar.

El complejo oleaginoso argentino es un sector altamente rentable y concentrado. Ocupa hoy más del 60 por ciento de la superficie sembrada, en donde el 6 por ciento de los productores (pools de siembra) explica el 54 por ciento de la producción. La exportación también se encuentra fuertemente concentrada en un puñado de empresas mayormente multinacionales y grandes firmas nacionales (Cargill, Noble, AGD, ADM, Bunge, Dreyfus, Toepfer, Nidera) que explican cerca del 90 por ciento de las ventas sojeras el exterior. Algunas de estas forman parte del top ten de las empresas más grandes del país, que lidera YPF.

Se trata de uno de los sectores más beneficiados de la década, que amasa extraordinarias ganancias y cuya actividad especulativa impacta en el conjunto de la economía, incluyendo efectos sobre los precios internos de los alimentos que consumimos diariamente. En lugar de ofrecer un bono para incentivarlos, ¿no sería momento de pensar en un cambio de esquema?

La propia historia argentina ofrece experiencias interesantes como una Junta Reguladora que controle la comercialización y el comercio exterior de granos en nuestro país. Dicho instrumento permitiría interceder en la comercialización, limitando el negocio especulativo de productores y cerealeras. Por otro lado, permitiría apropiarse de una masa inmensa de renta, que hoy se encuentra en manos de grandes multinacionales exportadoras, para destinarla a la transformación de la estructura productiva, atacando el déficit energético e industrial y ofreciendo una solución de fondo para superar con transformaciones estructurales las crisis sistémicas del sector externo.

Difícilmente una política asociada a los organismos multilaterales de crédito o destinada a incentivar a los sectores especuladores que atentaron históricamente contra la población en función de sus propios intereses pueda ofrecer una solución que beneficie a las grandes mayorías. Estas medidas que implican “divisas para hoy y escasez para mañana” deben ser reemplazadas por medidas de fondo que son posibles y que implican afectar los intereses del poder económico concentrado. De otro modo, el camino del ajuste es inevitable y con suerte sólo se logrará patearlo para adelante.

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