¿QUÉ VA A HACER EL PRO CON LA ECONOMÍA? LO QUE MACRI NO DIJO EN EL DEBATE

itaiEn el debate presidencial Mauricio Macri eludió dar precisiones sobre su programa económico. Devaluación, quita de subsidios, apertura comercial, ajuste fiscal, son cuestiones que están presentes no sólo en el discurso de los economistas que rodean al candidato presidencial, sino también en los planes elaborados por los equipos de la fundación Pensar del PRO. En este artículo vamos a desarrollar en qué consiste ese plan y qué impacto tendrá sobre nuestra economía.

A lo largo de la última década la política económica del kirchnerismo ha dado lugar a la satisfacción de determinadas necesidades y demandas de la sociedad. Sin embargo, persisten fuertes límites  para resolver muchos problemas de la economía local, asociados a continuidades con el legado neoliberal que impiden avanzar en transformaciones más profundas. En este ballotage no aparece una salida que plantee profundizar los aspectos más progresivos del “modelo” ni tampoco una que proponga cambios de  fondo en un sentido popular. Por el contrario, la posibilidad de un triunfo del PRO supondría un giro regresivo sumamente pronunciado de la política económica con un alto costo social. Para caracterizar cómo sería este giro, es preciso primero reseñar como llegamos hasta aquí.

¿De dónde venimos?

El “modelo” que tenemos en Argentina es hijo de la salida de la convertibilidad en 2002. Se emparenta con el intento de muchos gobiernos latinoamericanos de abandonar las recetas neoliberales y se asienta en un contexto internacional muy favorable por el “boom” en los precios de las commodities. La política económica llevada a cabo por los distintos gobiernos kirchneristas ha sido variable, pero conservando en lo esencial algunos pilares. En primer lugar una política de relativa protección al mercado interno y la industria local, lograda tanto con el tipo de cambio elevado como por regulaciones comerciales y administración de las importaciones. Es indiscutible que un sector importante de empresas pequeñas y medianas no podría sobrevivir sin esta política, no así la gran industria orientada a la exportación. En segundo lugar, la política cambiaria se combinó con el paulatino aumento de las retenciones agropecuarias de acuerdo a la evolución de los precios internacionales, apropiando una parte de la renta agraria y buscando desacoplar los precios locales de esos movimientos. En tercer lugar se adoptó una política fiscal y monetaria expansiva, que permitió estimular el crecimiento económico de manera significativa y mejorar las condiciones de vida de un sector importante de la población. Esta política, combinada con una cuarta que fue el restablecimiento de las paritarias, alentó una recuperación salarial que dio un fuerte dinamismo al consumo y que ha sido una de las palancas centrales de la “inclusión social”.

Esto ha sido el marco general, que podría asociarse a una política keynesiana o desarrollista elemental. Luego, frente a distintos problemas de coyuntura, el gobierno adoptó medidas puntuales que no correspondían a un plan estratégico de desarrollo, pero que no por eso dejaron de ser muy importantes. Ante la crisis mundial y la derrota de la pelea por las retenciones en 2008, estableció la nacionalización de las AFJP incorporando una masa importante de recursos al Estado y ampliando un derecho humano fundamental. Frente a la emergencia de la restricción externa (falta de dólares) por motivos internacionales y problemas auto infligidos, se decidió el control cambiario (mal llamado “cepo”) y la expropiación parcial de YPF. A esto podemos agregar otras medidas relevantes para la administración de la economía, como las reformas en el Banco Central que le quitaron algunos rasgos de autonomía heredados de la década de los noventa, políticas de transferencia muy relevantes como la AUH, rondas de negociación de precios para controlar la inflación, entre otras.

Este “modelo” permitió sin dudas un mejoramiento en las condiciones de vida de un sector importante de la población, logró bajar la desocupación y asistir a sectores sumamente postergados. Pero al mismo tiempo estas políticas no sirvieron para revertir el proceso de concentración y extranjerización de nuestra economía. El peso de la cúpula empresarial sobre la producción y las exportaciones creció, al igual que el protagonismo de firmas controladas por capitales trasnacionales. Tampoco sirvió para modificar la matriz productiva, evitar el avance del agronegocio en el campo, la expansión de la megaminería en la cordillera, la especulación inmobiliaria en las grandes ciudades, la pérdida del autoabastecimietno energético, la consolidación de una industria exportadora  sumamente deficiente en divisas, entre otros rasgos del capitalismo argentino. Tampoco permitió avanzar en problema estructurales del empleo, estabilizándose en un tercio de la clase trabajadora en la informalidad y un alto índice de precarización, así como dejando aun en la exclusión a un sector importante de la clase trabajadora que forma parte de la “economía popular”. Estos problemas señalados, el “modelo” no pudo ni se planteó resolver y en nuestra opinión son imposibles de solucionar sin atacar la médula del asunto que es la propia lógica del capitalismo dependiente argentino.

Salidas conservadoras en pugna

Ahora bien. Este “modelo”, por razones económicas y también políticas, no es aceptado por el establishment. Pese a las fabulosas ganancias empresariales de los que “la juntan en pala”, los sectores dominantes tendieron cada vez más a rechazar la política económica oficial, que ha recibido dos tipos de críticas.

Un sector acepta los lineamientos generales de la política keynesiana/desarrollista pero considera que estos habrían sufrido una desviación “populista”. No cuestionan la necesidad de ciertas regulaciones estatales, ni el impulso fiscal y monetario per se, tampoco proponen eliminar las paritarias o políticas sociales relevantes y hasta defienden algunas estatizaciones y la existencia de las retenciones agropecuarias. Consideran que la inflación se debe al descuido del impulso fiscal, que las regulaciones cambiarias y comerciales son excesivas y que no tiene sentido en el siglo XXI seguir enfrentando al “campo” con la “industria”. En definitiva, consideran que al gobierno “se le fue la mano” con la política redistributiva e intervencionista y que debe reorientarse el modelo hacia una versión más moderada.

Estas críticas buscan retornar a un supuesto “momento virtuoso” del modelo que se habría perdido luego del conflicto por las retenciones en 2008. Desde fuera del gobierno la construcción del Frente Renovador liderado por Sergio Massa intentó representar esta posición aglutinando a prácticamente todos los ex ministros de economía y funcionarios relevantes de la primera etapa del kirchnerismo. Al interior del FPV, la candidatura de Daniel Scioli representaba también un avance de estos sectores, no casualmente el énfasis de su campaña estaba puesto en el concepto de “desarrollo”. Para alcanzarlo, según sus mentores, la Argentina debería dejar atrás la faceta populista que representó Cristina. Estos sectores han tenido como referencia durante mucho tiempo al modelo brasilero como un proyecto “neodesarrollista serio”, aunque últimamente no estaría siendo tan promisorio.

En cambio otro sector del establishment, impugnó al modelo en su conjunto. No cree que haya que corregir las desviaciones populistas simplemente, sino encarar otro rumbo económico cualitativamente distinto. Plantea que la Argentina perdió una oportunidad en la última década al abandonar las políticas de liberalización, apertura comercial y asociación con el sistema financiero internacional. Considera que esa fue la razón fundamental por la que no ingresaron suficientes capitales a nuestro país y que el avance del Estado sobre los sectores más productivos de nuestro país para sostener una industria ineficiente y un gasto público excesivo, impidieron el desarrollo de nuestra economía. Estos sectores admiran las políticas que se llevan a cabo en países como Perú, Chile, Colombia, entre otros. El PRO, liderado por Mauricio Macri expresa cabalmente esta segunda posición.

Los aspectos regresivos de avanzar hacia un neodesarrollismo “no populista” como el que proponía Massa y quizás intente Scioli en caso de llegar a la presidencia, ya los hemos analizado en otras oportunidades. Pero la posibilidad efectiva de un hasta hace poco inesperado triunfo de la variante liberal, nos exige precisar de qué se trata su programa económico, cuáles son sus diferencias  con el actual modelo y que se proponen hacer en caso de llegar al gobierno.

El programa económico del PRO. Cuatro pilares

Los pilares del plan económico del PRO son los siguientes:

1. Eliminación de toda regulación estatal que según su concepción desalienta la inversión y el crecimiento. En particular esto significa quitar las tímidas regulaciones establecidas a la actividad financiera sobre las tasas de interés, eliminar el control sobre el comercio exterior (ROE, DJAI, etc), abandonar toda política de acuerdo o control de precios y en su versión más extrema – difícilmente aplicable en lo inmediato – disolución de las paritarias. La frutilla del postre de este pilar lógicamente es la liberalización del mercado cambiario, buscando la unificación del precio del dólar de acuerdo a la oferta y demanda del mercado.

2. Redudir fuertemente la presión tributaria sobre el capital. Aquí aparece tanto la propuesta de una reforma tributaria para eliminar la distorsión que se establece por existir múltiples impuestos nacionales, provinciales y municipales, como el punto central que es la eliminación de las retenciones agropecuarias. El PRO sostiene en su plan de gobierno la eliminación inmediata de todas las retenciones salvo para el complejo sojero, en donde propone un proceso gradual de reducción del 5% por año hasta llegar a cero. El objetivo explícito de su programa es el grito de guerra de las patronales agrarias de 2008: “retenciones cero”.

3. El plan del PRO implica un programa antiinflacionario sostenido en una política de metas dirigida por el Banco Central. Esto se instrumenta con una política de austeridad monetaria que naturalmente va a acompañada por un achicamiento del gasto público. Para esto, la propuesta más relevante del PRO es la reducción significativa de los subsidios a los servicios públicos con su correspondiente aumento en las tarifas para los usuarios.

4. El PRO propone una política de apertura comercial y el avance del MERCOSUR hacia un tratado de libre comercio con la “alianza del pacífico” y con la Unión Europea, buscando con esto expandir la capacidad exportadora de la economía.

Estos cuatro pilares del PRO constituyen la base de su programa económico. (1) Liberalización del mercado cambiario y quita de regulaciones sobre precios y comercio exterior. (2) Eliminación de retenciones. (3) Austeridad monetaria con equilibrio fiscal.  (4) Apertura comercial.

Es imposible adivinar si este programa será aplicando de manera brusca o si en cambio será procesado paulatinamente. Seguramente dependerá de variables políticas y sociales y no del equilibrio macroeconómico. Pero más allá de la gradualidad o no del cambio, podemos analizar brevemente las consecuencias de esta política. ¿Qué pasa si ganan y la llevan adelante? ¿Subirá o bajará la inflación? ¿Qué pasaría con los salarios? ¿Qué sucedería con la estructura productiva? ¿Y el empleo? ¿Lloverán dólares o seguirán escaseando?

Resultados del plan económico del PRO

Comencemos por decir que este plan puede ser muy eficiente para bajar la inflación a mediano plazo. Si bien el impacto de una maxi-devaluación se traducirá en aumento de precios, lo será a modo de shock con un efecto regresivo sobre los salarios. Luego, con los salarios deprimidos, ajuste del gasto público, austeridad monetaria e ingreso de productos baratos vía importaciones, es perfectamente posible que el proceso inflacionario tienda a reducirse y el PRO logre bajar a un dígito la inflación en sus cuatro años de mandato.

Dicho de otro modo, la clave del programa antiinflacionario es el ataque a los ingresos. Para consolidar la caída de los salarios es relevante que el gobierno pueda pactar paritarias a la baja. En cuanto a los ingresos que no dependen del sector privado, se reducirán vía ajuste fiscal. Pero ¿Por qué los sindicatos podrían estar dispuestos en el futuro a pactar salarios a la baja? La clave está en lo que pueda ocurrir con el empleo.

La apertura comercial, los acuerdos de libre comercio con la Unión Europea y la eliminación de controles sobre el comercio exterior, supone un ingreso de productos importados. Si bien en lo inmediato colaborarán con la baja en los precios al consumidor, es claro que en muchos sectores implicará una sustitución de producción local. Las firmas locales que no puedan resistir a la competencia sucumbirán y el fantasma del desempleo podría presionar a la clase trabajadora a aceptar peores condiciones de trabajo. Es interesante notar que un acuerdo de libre comercio con la Unión Europea es una forma de trasladar la crisis de allí hacia nuestros pagos, ya que la reactivación de su economía gracias a nuestra apertura comercial la pagaremos con recesión y desempleo en nuestros países.

Tanto el ajuste fiscal como la devaluación tendrían efectos recesivos para nuestra economía. Por ello, para retomar el crecimiento el plan económico del PRO deberán complementar con otras medidas. Una de ellas sin dudas será el endeudamiento y la atracción de capitales hacia nuestro país. La confianza que los mercados ya han demostrado hacia una posible presidencia de Mauricio Macri, alientan esta perspectiva. Otra, puede ser una agresiva política de expansión del crédito doméstico. Ambas políticas son perfectamente posibles de impulsar ya que tanto el Estado Nacional como en las familias argentinas, contamos con altos niveles de solvencia.

El modelo Chileno ha sido siempre fuente de referencia para estas políticas. El endeudamiento de la población es una forma de sostener consumo mientras se deprimen los salarios. En cuanto al financiamiento internacional, claramente será la forma más efectiva de terminar con la escasez de divisas. Esto supone un acuerdo con los fondos buitres que litigan contra nuestro país y el ingreso de un circuito de endeudamiento en los mercados de deuda, como hacen la mayor parte de las economías del mundo. Al acompañarse esta política de endeudamiento con la apertura comercial  y el levantamiento de controles, es posible que la tasa de interés sea mucho más atractiva que en la actualidad.

Asimismo, la estructura productiva dependiente que hoy tiene nuestro país se profundizaría si se concretan la tan ansiada inversión extranjera directa (IED). Por ejemplo, según CEPAL entre 2007 y 2011 en América del Sur (excepto Brasil) el 40% de la IED se dirigió a recursos primarios. Asimismo, la remisión de utilidades a las casas matrices ascendió al 92% de lo invertido implicando un escaso ingreso neto de divisas.

En resumen, el plan económico del PRO implicará salarios reales considerablemente más bajos, probable aumento del desempleo y menores políticas de asistencia social. A cambio, y recesión mediante, puede lograr bajar la tasa de inflación y conseguir las divisas que actualmente escasean. El marco será la profundización del esquema productivo vigente y el drenaje adicional de divisas producto de la mayor extranjerización de la economía y el endeudamiento externo.

Por todo lo dicho el modelo del PRO va a profundizar la orientación exportadora de la economía nacional, tanto en el terreno de la agroindustria, la extracción de recursos naturales como la minería y la industria de exportación como la automotriz. En cambio, es posible que los sectores que producen con destino al mercado interno (hoy pocos y débiles sin duda) perezcan en el proceso. Si con el actual “modelo” no se logró revertir en lo esencial el legado estructural neoliberal, la política económica del PRO con seguridad que revitalizará y profundizará esos rasgos.

En definitiva se trata de un plan económico que nos garantiza dólar libre y baja inflación a costa de menores salarios, más desempleo, más exclusión y con seguridad más saqueo de nuestros bienes comunes. Si el 22 de noviembre Macri se impone en el ballotage, eso es lo que habremos votado los argentinos.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *
You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>