¿Qué hay detrás de las estadísticas de pobreza?

¿Qué hay detrás de las estadísticas de pobreza?

En estos días, varios me pidieron una opinión sobre el último índice de pobreza. Aquí van unas líneas para aportar al debate.

Los datos difundidos del INDEC sobre pobreza generaron mucha polémica. Es evidente que buena parte de las familias que no alcanzan los ingresos suficientes para superar lo que se denomina la “línea de pobreza” estaban en esa situación antes del 10 de diciembre. Tan cierto como que millones de personas fueron empujadas a la pobreza a partir de las políticas económicas implementadas por el nuevo gobierno.

Aunque las cuestiones técnicas resulten algo engorrosas es importante tomar con mucha precaución estos datos. En primer lugar porque el índice de pobreza que mide el INDEC se basa exclusivamente en los ingresos corrientes de las personas y no en otras variables. No necesariamente una persona que gana, digamos, $9.000 por mes, es más pobre que una que gana $10.000. Por ejemplo, si la primera tiene vivienda mientras la segunda debe afrontar un alquiler, correspondería colocar en una escala de “pobreza – riqueza” a la segunda en una situación de peores condiciones de vida que la primera, pese a que sus ingresos corrientes sean un poco mejores. La diferencia entre los conceptos de ingresos y riqueza (o pobreza) es fundamental, tanto que puede haber procesos de redistribución del ingreso – como el que ocurrió en la última década – que no necesariamente generan ni suponen una redistribución de la riqueza.

También hay que tener mucho cuidado con las comparaciones históricas y con relación a otros países, porque la variable ingreso no registra tampoco otros elementos fundamentales que hacen a las condiciones de vida de una familia o una persona. Dado un nivel de ingreso monetario, no es lo mismo vivir en una sociedad en donde existen garantías de acceso gratuito y de calidad a educación, salud y seguridad social por ejemplo, a hacerlo en un lugar en donde esos derechos no están garantizados. Al reducir la valoración sobre el nivel de pobreza a la percepción de ingresos, se dejan de considerar variables fundamentales para medir las condiciones de vida de una población en un determinado país en un determinado momento histórico.

En segundo lugar es fundamental comprender que lo relevante en este tipo de estadísticas son las tendencias, ya que los valores absolutos tienen siempre un componente arbitrario. Por ejemplo, según los datos difundidos por el INDEC durante el segundo trimestre de 2016, un hogar pobre promedio necesitaba ingresos por $12.851 mensuales para acceder a una canasta básica de bienes y servicios. De esa cuenta resulta que el 32,2% de las personas en Argentina son pobres, casi 1 cada 3 habitantes del país. De acuerdo a la forma de medir estas canastas, los resultados podrán dar muy superiores o muy inferiores. Es obvio que una familia que tiene que vivir con $13.000 mensuales es tan pobre como una que tiene que hacerlo con $12.500, por más que esté levemente por encima de la “línea de pobreza”. Como siempre existen este tipo de arbitrariedades, lo relevante es medir las tendencias más que los números absolutos. Dado un determinado indicador de ingresos y pobreza, ¿está subiendo o bajando la pobreza en Argentina? La respuesta es muy contundente. Está subiendo, y mucho.
La visita del FMI y la pobreza

La reciente auditoría del Fondo Monetario Internacional arrojó un resultado más que predecible. Se trata de un organismo que postula para todas las economías del mundo una receta similar: austeridad fiscal, desregulación del mercado, apertura de economías, flexibilización laboral. No importa si se trata de un país pobre o rico, periférico o central, de economía centralmente primaria o industrial, la receta es la misma para todos y la promesa es que si se aplica correctamente, los resultados serán maravillosos. Nuestro país ya transitó ese camino más de una vez.

La comparación con la década de los noventa no es caprichosa. Durante los primeros años del menemismo los indicadores de pobreza se mantuvieron estables e incluso en descenso luego del plan de convertibilidad. Pese al aumento del desempleo, en 1995 Menem fue reelecto y prometía cosas muy parecidas a “pobreza cero” y se sustentaba en los datos favorables de las estadísticas. Sin embargo, el modelo económico que el FMI alentaba y elogiaba estaba destruyendo el tejido productivo asociado al mercado interno, los sistemas esenciales de educación, salud y seguridad social, la integración y movilidad de nuestro país e incubando una crisis de deuda externa que estallaría al final de la década.

El presidente Mauricio Macri pidió ser evaluado por su éxito o no en reducir la pobreza y la clave postulada para lograr ese objetivo es bajar la inflación. ¿No estaremos frente al peligro de comprar nuevamente un engaño similar? ¿Será la Argentina un país con mejores condiciones de vida para su gente si retornamos a las recetas del Fondo Monetario Internacional? ¿Tenemos que concentrarnos exclusivamente en observar la evolución de las estadísticas de inflación y pobreza o mejor intentar vislumbrar qué modelo de país se propone establecer el gobierno de Cambiemos?

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