La foto del 27 de octubre y los desafíos del campo popular

La foto del 27 de octubre y los desafíos del campo popular

Debates tras nuestra primera experiencia electoral

Por Itai Hagman

Distintas agrupaciones que venimos construyendo nuevas experiencias de izquierda independiente,  popular y latinoamericana pasamos nuestra primera prueba electoral. El resultado es sumamente positivo, ya que en todos los casos superamos el piso de las primarias y obtuvimos buenos resultados. A su vez el balance es también alentador en cuanto al aprendizaje, la maduración y el crecimiento de nuestra militancia en estos intensos meses de campaña electoral. Resulta necesario ahora hacer un análisis del resultado general de las elecciones y de la proyección de este espacio nuevo que dio su primer paso.

Las elecciones del 27 de octubre profundizaron las tendencias que se habían expresado en las PASO. Si bien se trató de una elección legislativa, el clima de anticipo de la discusión hacia 2015 fue imposible de eludir. Indudablemente resaltan tres elementos en el siguiente orden: el retroceso del kirchnerismo, el avance de oposiciones por derecha y un crecimiento del voto hacia la izquierda. Por supuesto que las elecciones son una foto y el análisis debe hacerse sobre toda la película, pero por las características de estas elecciones los resultados arrojan elementos importantes para pensar los próximos dos años en la Argentina y los desafíos del campo popular. Vamos uno por uno.

El Kirchnerismo

El retroceso del kirchnerismo no se puede explicar sólo por tratarse de una elección legislativa. A esta situación se le agrega un malestar social que conjuga numerosos factores, en donde se destacan aspectos económicos como la desaceleración de la economía, el proceso inflacionario o la discusión sobre el mínimo no imponible y se agregan otros como las denuncias de corrupción y la emergencia recurrente del problema de la “inseguridad”. A todo esto también se puede adicionar la instalación del miedo a un eventual intento de habilitar la “re-reelección”, que fue utilizado por la oposición para pedir un voto útil para eliminar esa posibilidad.

Toda esta ensalada de temas no puede meterse en la misma bolsa y sacar conclusiones unilaterales, sesgadas o lineales. Existen cuestiones de fondo detrás de lo que aparece como una sumatoria de fenómenos independientes. El “modelo” está atravesando un momento complicado, ya que se encuentra limitado para dar respuesta a los requerimientos de las clases dominantes y también a los trabajadores y los sectores populares.

El poder económico concentrado quiere un cambio en las políticas económicas. Plantea la cuestión de la “competitividad” y pide una devaluación con baja de salarios. Exige reglas claras y seguridad jurídica, es decir menor regulación del Estado en la economía. Pide mayor integración “con el mundo”, dícese de abrir más la economía para atraer inversiones extranjeras y volver al endeudamiento. Demanda menor emisión y “derroche de recursos”, lo que se traduce en un ajuste fiscal.

Por otro lado el escenario previo a las elecciones se caracterizó también por demandas importantes desde abajo, en donde se destacaron dos problemas: inflación y mínimo no imponible. El malestar con el gobierno que se tradujo en pérdida de votos no fue por los problemas en sí (presentes también en 2011 cuando Cristina sacó el 54%) sino por la percepción de que el gobierno los ninguneaba y no les daba respuesta. En cuanto a la inflación, el oficialismo sostuvo un discurso negacionista (cifras del INDEC mediante) y en relación al aumento del mínimo no imponible intentó deslegitimar el reclamo planteando que se trata de un sector privilegiado de la clase trabajadora que no representa al conjunto.

Como reacción al resultado de las PASO el gobierno intentó contentar a ambas partes. Por un lado avanza en gestos claros hacia los mercados como la depreciación gradual de la moneda durante todo el año, el acuerdo con Chevrón para explotar Vaca Muerta y ahora los acuerdos con el CIADI y la negociación con los organismos multilaterales de crédito. Por otro lado reaccionó otorgando un aumento importante en el mínimo no imponible del impuesto a las ganancias de la cuarta categoría y un discurso que asume como real el problema del aumento de precios. En la misma línea deben interpretarse los cambios en la política de seguridad y el discurso más afín a la “mano dura” que se ensayó en boca del candidato del kirchnerismo en la Provincia. Este intento por jugar a dos puntas e intentar contener por abajo y por arriba no alcanzó para revertir un resultado electoral y en mi opinión no es sostenible en el mediano plazo.

Sin embargo, el resultado del 27 de octubre de ninguna manera puede leerse como el día en que terminó el kirchnerismo. Ni como fuerza de gobierno ni como fuerza política y social el kirchnerismo va a desaparecer de un día para el otro. Pero indudablemente marca un punto de inflexión y el comienzo de un intenso proceso de debate que seguramente no escatimará en tensiones internas de todo tipo.

Las oposiciones triunfantes

El fenómeno Massa fue el más destacado. Su triunfo en la Provincia de Buenos Aires es diferente de la comparación con 2009, cuando el kirchnerismo fue derrotado por De Narvaez como candidato del PRO. Massa logró reunir una liga de intendentes y emergió como figura en la interna del PJ, por lo que tendrá capacidad para seducir a muchos de quienes hoy forman parte del FPV. A su vez el intendente de Tigre fue presentado como una alternativa presidencial para el 2015, recogiendo justamente los reclamos de los sectores dominantes y combinándolos con las demandas sociales más sentidas y reproducidas por la agenda mediática. En Massa los sectores de poder vieron la posible emergencia de un “Capriles argentino” que indudablemente seguirán intentando fomentar. Es importante notar que, ni lento ni perezoso, Daniel Scioli empezó a trabajar para convencer al PJ y al poder económico de que el cambio que quieren también puede emerger desde el interior del propio kirchnerismo, por lo que la interna del PJ con Massa y Scioli como figuras de mayor peso, marcará la agenda política de los próximos dos años.

Por otro lado el 2013 puso a prueba la construcción de un polo republicano/conservador liderado por la Unión Cívica Radical y el Partido Socialista. Se destacan los triunfos de Cobos y Binner, así como la experiencia del UNEN en Capital Federal. En todos los casos se trata de oposiciones que se ubicaron a la derecha del gobierno tomando como propia la agenda dominante que planteó la batalla del 2013 en clave de “populismo autoritario” vs “defensa de la república”. El éxito electoral de estos espacios marca un humor social que se había expresado en los grandes centros urbanos en los cacerolazos del 8N y el 18A. Pero detrás del discurso republicano de este espacio se esconde la defensa de intereses corporativos, por lo que intentarán sumarse a discutir el 2015 en la misma clave que la interna del PJ.

La existencia dentro de estos rejuntes de algunos elementos “de izquierda” o “progresistas” como el caso de Pino Solanas o Libres del Sur quedaron completamente subsumidos en la hegemonía de los sectores conservadores: Cobos, Binner, Carrió, todos entusiastas admiradores de la derecha latinoamericana estilo Capriles. Fue Pino el que tuvo que adaptarse al discurso de Lilita y no al revés, lo que terminó por destruir una experiencia interesante y valiosa como había sido la de Proyecto Sur. Sus declaraciones recientes en relación a la continuidad del UNEN y la posibilidad de extenderlo en todo el país para discutir la presidencia en el 2015, marca que no sólo se trató de una forma de oportunismo electoral (ya sumamente cuestionable de por sí) sino de una orientación política que se llevará a fondo renunciando por completo a las banderas emancipatorias.

Finalmente tenemos el caso del macrismo que no requiere de mayores análisis. Si bien logró un resultado importante en la Ciudad y algunos buenos en determinadas provincias, el proyecto presidencial de Macri se encuentra sumamente limitado por la existencia de los espacios anteriormente mencionados. El PRO se presenta como una nueva experiencia política, pero en su contenido y composición representa una combinación de lo peor de las experiencias políticas del PJ y la UCR y por tanto un proyecto absolutamente reaccionario, que en la Ciudad sufrimos los porteños en forma diaria. En términos de la Ciudad la elección del PRO refuerza la necesidad de discutir seriamente como construir una alternativa que permita poner un freno al avance de un modelo de Ciudad excluyente y expulsivo para los sectores populares.

El voto a la izquierda

Para el campo popular el voto a las izquierdas no es un dato menor. Si bien no deben hacerse balances exitistas, se trata de un fenómeno que no puede ser menospreciado. Ni el voto hacia la izquierda se explica por un contexto de avance popular en términos de grandes luchas y movilizaciones, ni tampoco puede ser entendido como un fenómeno exclusivamente mediático o volátil. En nuestra opinión se trata de una búsqueda de un sector importante de la población (aunque todavía minoritario) que no se conforma con este presente al que el kirchnerismo convoca a defender de manera acrítica, pero que no quiere que la salida al proceso político que vive la Argentina en los últimos diez años sea por derecha. No es menor que haya más de un millón y medio de personas que hayan buscado expresar esa idea en las últimas elecciones.

Lógicamente el Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT) ha capitalizado el grueso de este voto por dos razones. En primer lugar por ser el único espacio de izquierda que logró estructurase a nivel nacional y con continuidad en relación al 2011. En segundo lugar por la crisis y debacle de los espacios de “centroizquierda antikirchnerista”, en donde tanto el FAP como Proyecto SUR implosionaron para sumarse a la oposición conservadora que analizamos anteriormente. En varias provincias del país el corrimiento a la derecha generó que el FIT sea la única lista no sólo de izquierda, sino incluso de todo el espectro del centro hacia la izquierda. Ahora tendrán la responsabilidad de expresar esta posición dentro del Congreso Nacional.

Por otra parte se desarrollaron las experiencias de fuerzas que conforman la denominada “izquierda independiente” que en conjunto cosechamos alrededor de 100 mil votos en todo el país. La mayoría de estas experiencias fueron comunales o municipales logrando muy buenos resultados e incluso en los distritos en donde logramos presentar candidaturas nacionales, aun no somos vistos como un espacio nacional, capaz de intervenir en los grandes debates del país. Justamente esa es una de las principales tarea que tenemos por delante hacia el 2015.

Balance y proyección de la izquierda independiente

Primero es necesario definir de qué hablamos cuando nos referimos a una izquierda nueva, popular, latinoamericana, independiente o de base. Se ha denominado “izquierda independiente” a un conjunto de organizaciones que nos identificamos con una serie de definiciones estratégicas, que podemos resumir en tres aspectos:

Poder popular: Damos centralidad al proceso de empoderamiento del pueblo para impulsar una transformación social de fondo, lo que hace que la militancia de base se vuelva el pilar fundamental de nuestras organizaciones. Esta concepción no niega la necesidad de disputar poder institucional, pero nos distingue de partidos que se centran en la actividad parlamentaria. También nos diferencia de los partidos tradicionales de izquierda, ya que se jerarquiza el problema de la organización de los sectores populares por sobre el de su dirección, que es el eje tras el cual se articula la militancia de los partidos troskistas. En resumen, la tarea principal no es construir un partido que se prepare como vanguardia del pueblo, sino construir organización y movimiento popular y fundirnos en él.

Izquierda popular y latinoamericana: Creemos que es posible desandar el desencuentro histórico entre las ideas clásicas de la izquierda y las tradiciones nacionales y populares de nuestro continente, tarea que se logró en muchas experiencias revolucionarias en nuestro continente siendo el caso paradigmático la Revolución Cubana. Esta búsqueda de sintetizar la pelea por una sociedad sin explotadores ni oprimidos con las identidades nacionales y populares de nuestro continente, explica el entusiasmo que despertaron en nuestras organizaciones los procesos de cambio más avanzados de la región, en particular el caso venezolano y boliviano, así como el planteo estratégico del “socialismo del siglo XXI”.

Democracia de base y ampliación de agendas: Un último elemento se relaciona con los métodos de construcción y la ampliación de la agenda desde la izquierda. Esto tiene que ver con no reproducir las lógicas verticalistas clásicas de la izquierda tradicional dando mayor nivel de autonomía en la militancia de base respecto de las líneas generales que define la organización, así como la jerarquización de agendas que se ponen al mismo nivel que otras como es el la lucha por la igualdad de géneros, por los derechos de la naturaleza y el medio ambiente o la construcción de medios de comunicación alternativos, entre otros. Esto no niega la particular relevancia del movimiento obrero en cualquier proceso de transformación, pero sí permite ampliar la perspectiva y complejizar la concepción sobre el “sujeto” del cambio social.

Por otro lado también la izquierda independiente surge en un contexto político particular. Se trata de una militancia y una generación que se reconoce como hija del quiebre histórico que representó el 2001 para todo el campo popular. También emerge en un momento muy particular de nuestro país signado por el fenómeno del kirchnerismo. Esta izquierda independiente comienza a tomar fisonomía más nítida en el momento en que la disputa del kirchnerismo con determinados sectores de poder (Campo, Clarín, etc) genera un clima de politización (y polarización) muy importante en nuestra sociedad. Se distingue la izquierda independiente del resto de las expresiones del campo popular no kirchnerista, en asumir una posición de delimitación clara frente al avance de la derecha y los intereses corporativos que esta representa. Es decir que no asumimos una posición “neutral” frente a estos conflictos diciendo que se trataba simplemente de una pelea “de los de arriba” sino que interpretamos que los intereses de los sectores populares formaban parte de esta disputa y no resultaban indiferentes sus resultados. Es así que apoyamos las retenciones, la ley de medios, la estatización de las AFJP y otras medidas que implicaban avances para los sectores populares y que generaban una fuerte reacción por parte de los sectores dominantes. Otras expresiones del campo popular no kirchnerista tuvieron posiciones más ambiguas y en algunos casos jugaron directamente a favor de la derecha y el poder económico.

Debates en la izquierda independiente e intervenciones electorales.

El debate al interior de la izquierda independiente continúa abierto. Algunas organizaciones eligieron abstenerse de la participación electoral. Otras nos lanzamos a construir personerías propias y participar realizando distintos frentes, como el Frente Ciudad Nueva en La Plata –FPDS CN, Unión del Pueblo y Marea-; el Frente Ciudad Futura en Rosario –FPDS y Giros-; Pueblo Unido en Jujuy; Marea Popular en Luján, o el propio Camino Popular. En Capital Federal algunas agrupaciones eligieron integrarse a la lista colectora del Frente para la Victoria conformada por el partido de Aníbal Ibarra y el PC. Por último tuvimos el caso de Autodeterminación y Libertad con Luis Zamora. Esta variedad de políticas es fruto de un debate que es necesario desarrollar. Por supuesto que todas las opiniones aquí vertidas se realizan con absoluto respeto de las construcciones y la militancia de cada una de estas experiencias, pero creemos que es importante poner sobre la mesa argumentos y posiciones ya que en la izquierda independiente solemos rehuir de las polémicas políticas a favor de una cultura activista y poco reflexiva. Analicemos entonces las distintas opciones.

La persistencia en la abstención electoral

La izquierda independiente no puede convertirse en un objetivo en sí mismo o en una receta igual de cerrada y dogmática que la de la izquierda tradicional pero de otro color. Es llamativo que algunas agrupaciones compañeras ni siquiera hayan logrado producir pronunciamientos en relación con las elecciones, lo que marca un estancamiento en concepciones que se arrastran de un momento de la Argentina que cambió y que encuentran dificultades para politizar la militancia en función de una realidad y una sociedad que se ha politizado. No estamos en el 2001 y la discusión electoral hoy es el terreno en donde el conjunto de la sociedad deposita el lugar del debate político. Esto no significa que siempre será así, pero pretender construir un proyecto de cambio en el país sin intervenir en este terreno, en función de un supuesto cuidado del “trabajo de base” es en realidad intentar convertir una debilidad en virtud. Por supuesto que asumir la participación y la disputa electoral supone riesgos políticos y es más cómodo ocupar el lugar de ser juez de experiencias ajenas que de embarrarse para hacer la propia, pero si hay algo a lo que la militancia revolucionaria debe escaparle es a la comodidad, que termina siendo conservadora.

La experiencia de Zamora y la contradicción con la supuesta construcción desde abajo   

Luis Zamora es un referente histórico de la izquierda argentina, por lo que merece nuestro respeto. A su vez, muchos de sus replanteos críticos (y autocríticos en su caso) en relación a la forma de construcción de la izquierda tradicional, tienen puntos de contacto con las definiciones de la izquierda independiente. En función de eso es que existió la expectativa de poder conformar una experiencia electoral común, que logre combinar el recorrido de AyL y la figura de Zamora con el recorrido de las organizaciones de la izquierda independiente que venimos construyendo organización y poder popular desde abajo en todos estos años. Existen diferencias políticas, como existen en todo el arco de la izquierda independiente, pero claramente si había voluntad de confluencia estas diferencias eran perfectamente salvables.

Sin embargo la negativa de AyL y su persistencia en presentarse solos demostró que la inflexibilidad esconde una lógica de construcción opuesta a lo que se pregona desde el discurso, ya que privilegiaron una experiencia electoral centrada en la figura personal de Zamora, sin conexión con las experiencias de militancia real existentes en la Ciudad. En ese sentido y paradójicamente se hace una campaña que apela a la construcción desde abajo mientras que se reproduce una lógica extremadamente personalista y electoralista. Llamativamente algunas agrupaciones de izquierda independiente no ven esta contradicción entre el discurso y la práctica. En contraposición a esta experiencia se encuentra la apuesta a la construcción militante y en reflejar esa construcción en el terreno electoral, en lugar de reproducir la lógica de la política del sistema que se centra en individuos y proyectos personales. Creemos que este debe ser un tema de reflexión y debate en la izquierda independiente.

La colectora de “izquierda” del Frente para la Victoria en la CABA

En relación con esta experiencia lo primero para decir es que se trata de un espacio creado desde el gobierno a partir de los resultados de las PASO. Este elemento es importante, ya que la colectora no es un triunfo que la izquierda kirchnerista logró para “diputar el kirchnerismo desde adentro” sino un armado del kirchnerismo para disputar el voto de la izquierda o intentar frenar la pérdida de votos hacia la izquierda. Por eso la colectora Alternativa Popular se construye con la personería del ibarrismo y no de las organizaciones de izquierda independiente que se sumaron a ese espacio.

Un segundo punto problemático en relación a esta experiencia es que sumarse al kirchnerismo en la Ciudad y en la legislatura, militando la candidatura de Juan Cabandie, representa un cambio en relación a la posición frente al desempeño del Frente para la Victoria y su política de asociación con el PRO para fortalecer a Macri como oposición nacional. El año pasado nos movilizamos porque el FPV votó con el PRO un paquete de leyes vinculadas al avance del negocio inmobiliario cuando Cabandié fue el arquitecto y defensor de ese acuerdo. El propio Pablo Ferreyra estuvo presente, y meses antes de las PASO afirmaba que “el kirchnerismo en la ciudad es muy conservador” y llamaba a superarlo con un acuerdo con sectores entre los que mencionaba a Claudio Lozano. Poco tiempo después militar la candidatura de Cabandié en función de una especulación electoral, resulta difícil de comprender a no ser por una aspiración esencialmente de cargos.

En tercer lugar la idea de “profundizar hacia la izquierda” al kirchnerismo resulta cuanto menos tardía, como declaró en estos días Pablo Ferreyra al decir que Alternativa Popular logró “ampliar las bases del Frente Para la Victoria” y que trabajaría para  “profundizar el proyecto nacional y popular que conduce Cristina Fernández de Kirchner”. Queda claro que se trata de una incorporación al kirchnerismo y no una alianza táctica electoral. Lo que no pudo hacer el Sabbatellismo, que gobierna un municipio y construyó un partido a nivel nacional, no parece que tenga mejores chances con Alternativa Popular.

La construcción de este espacio fue exitosa en tanto atajo para lograr una banca sin construirla desde la militancia, pero implica abandonar la perspectiva de aportar a un espacio autónomo, de referencia propia de la izquierda independiente y con proyección nacional.

Las elecciones de la izquierda independiente y de Camino Popular en la CABA

En todos los casos (Jujuy, Rosario, La Plata, Lujan, CABA) se logró construir personerías propias y armar listas que superaron el piso de las PASO. En el mes de setiembre organizamos una actividad que reunió todas estas experiencias en un intercambio público en donde se planteó la necesidad de avanzar en una articulación nacional, lo cual aparece hoy sumamente alentador.

Se trata de experiencias limitadas, por supuesto, la mayoría municipales. En el caso de la CABA en donde MAREA Popular se presentó en el frente Camino Popular logramos instalar una candidatura nacional, lo cual tiene un valor para demostrar que la izquierda independiente tiene vocación de meterse en los grandes debates del país y no sólo en hacer experiencias locales. Y que puede hacer esa intervención con una línea y una agenda propia que es diferente a la del FPV, a la de las variantes de la oposición conservadora y también de la izquierda tradicional. Presentar esa posición ya fue un logro importantísimo de estas elecciones.

Como habíamos hecho público, el objetivo fundamental que perseguimos al decidir presentarnos a elecciones tenía que ver con lograr la visibilización de nuestro proyecto político. Mostrar que existe en la Argentina una izquierda que no se conforma con este presente, pero que tampoco le hace el juego a los que quieren volver al pasado. Y mostrar que esa izquierda nueva, popular, latinoamericanista, se constituye con el protagonismo de las organizaciones populares que todos los días construyen en los barrios, en las universidades, en los colegios, en los sindicatos, en el movimiento de mujeres, en los medios de comunicación alternativos, etc.

Indudablemente la conformación de Camino Popular trajo aparejados debates en la izquierda independiente. Resulta importante contestar las críticas, sobre todo de quienes plantearon que Camino Popular era parte de la estrategia del FAP o de llevar a Binner como candidato en 2015, invirtiendo por completo la realidad y la lógica. No hace falta recordar que desde MAREA Popular hemos sido muy críticos con esa experiencia y no tenemos nada ver con el proyecto de Binner, pero lo que sí llama la atención es que esas críticas se hagan sin tomar nota de la crisis de la centroizquierda en estas elecciones, donde tanto el FAP como Proyecto SUR sufrieron rupturas por un debate político público.

Quienes luego conformaron junto con nosotros y otras agrupaciones Camino Popular son aquellas fuerzas que se negaron a formar parte del reagrupamiento republicano-conservador. Es decir que Camino Popular surge de la unidad de agrupaciones de izquierda independiente con quienes rompieron con esos espacios de centroizquierda y no por su expansión, quedando ridículas por tanto las críticas que plantean que MAREA Popular y otras agrupaciones de izquierda independiente nos hemos sumado a la estrategia del FAP. Se trata en realidad del proceso exactamente opuesto, la confluencia con los sectores que provienen de esas experiencias y que no acompañando su derechización, decidieron romper. De la misma manera aspiramos a confluir con sectores que rompan con el PJ o el FPV, cosa que de ninguna manera podría ser interpretada como nuestra incorporación a esas estrategias, sino lo opuesto.

Nosotros siempre sostuvimos que en Proyecto Sur y en el FAP existían organizaciones compañeras subordinadas a estrategias ajenas, lo mismo que decimos en relación al kirchnerismo. Negar esta realidad y pensar que el campo popular somos sólo nosotros es propio del sectarismo de la izquierda tradicional. Ante la ruptura de esos espacios y la dispersión de la militancia que provenía de estas experiencias, buscar una confluencia con esos sectores fue un camino absolutamente lógico y coherente para nosotros.

La construcción de Camino Popular fue para nosotros la consecuencia lógica de una política estratégica, que excede por mucho la experiencia electoral en Capital Federal. Estamos convencidos de que para cambiar la Argentina necesitamos construir una fuerza social y política que contenga distintas tradiciones. No alcanza sólo con la izquierda roja, y la construcción de la izquierda independiente no puede ser un objetivo en sí mismo. No decidimos participar de las elecciones para construir nuestro propio “frente de izquierda”, pero independiente. Aspiramos a la construcción de un movimiento que reagrupe a las distintas expresiones de la izquierda y el movimiento popular argentino, a sectores que vienen o están hoy en el peronismo de izquierda, a sectores que vienen del progresismo o la centroizquierda y por supuesto a las fuerzas de izquierdas tradicionales o independientes. Si no logramos poner en pie un movimiento con esa amplitud pero a su vez con un programa de transformación claro, podremos aspirar a obtener bancas legislativas, pero no a pelear por un cambio de fondo en nuestro país.

Las elecciones arrojan muchos elementos interesantes para analizar. Todo lo escrito en este artículo es motivo de debate y es un aporte para avanzar. Las críticas tienen como objetivo clarificar posiciones y estrategias. Creemos que en lo inmediato necesitamos avanzar en la construcción de una organización política nacional y en una articulación de las distintas experiencias electorales para ayudar a parir en nuestro país una nueva experiencia política que pelee por la emancipación nacional y el cambio social. Hacia 2014, MAREA Popular se dispone a militar por ese objetivo.

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