¿La centroizquierda perdió la brújula? A propósito de los acuerdos en danza

¿La centroizquierda perdió la brújula? A propósito de los acuerdos en danza

Versión completa de la nota publicada en Infobae hoy. “¿La centroizquierda perdió la brújula?”

por Itai Hagman

Pino Solanas se une con Carrió. Libres del Sur pacta con la UCR. Hermes Binner expresa y reafirma públicamente su apoyo a Capriles, el candidato de la derecha venezolana. ¿Qué está pasando en el “progresismo”?

Cualquier persona que no se dedica a la militancia política pero que tiene su corazón del centro hacia la izquierda no puede sentir más que perplejidad ante las decisiones que toman los principales dirigentes de lo que comúnmente denominamos “progresismo” o “centroizquierda” en nuestro país.  ¿Parece razonable que el candidato a presidente del FAP sienta más simpatía por el líder de la derecha venezolana que por el Chavismo?  ¿Es lógico que una alternativa “progresista” al kirchnerismo se haga en alianza con la UCR y el lobbista financiero neoliberal Prat Gay? ¿Es sensato que se postule a Elisa Carrió como nueva figura del progresismo porteño?  Parece de locos. Sin embargo si observamos la trayectoria de estos actores, las decisiones y declaraciones recientes no son más que la frutilla de un postre en cada vez peor estado.

Cuestionamientos al “modelo” K.

El punto de partida es el cuestionamiento a la política del kirchnerismo. Muchas de estas críticas son totalmente compartida por nosotros. Efectivamente estos diez años de crecimiento no han sido utilizados para promover un cambio de tipo estructural en la Argentina. Al contrario, tenemos un modelo basado aun en una lógica económica dependiente, con un avanzado agronegocio, y tenemos una industrialización de enclave que no logra revertir el nivel de concentración y extranjerización.

Durante esta etapa los sectores populares mejoraron claramente sus ingresos respecto a la previa al 2002, pero mucho menos de lo que mejoraron su situación las grandes empresas y las clases medias-altas. Mientras los trabajadores están viendo como hacen para no perder su poder adquisitivo frente a la inflación, las empresas están discutiendo cómo hacer para ganar aun más a partir de un ajuste social. Problemas como la precarización del trabajo y la necesidad de una profunda redistribución del ingreso no parecen ser la agenda prioritaria del gobierno.

Estas no son simplemente “deudas” arrastradas desde la época neoliberal, sino características que hacen a pilares del modelo que comenzó luego de la implosión de la convertibilidad de los noventa y que es necesario someter a discusión. Los problemas con los que nos enfrentamos ahora – falta de dólares, déficit energético, problemas fiscales, entre otros – no pueden negarse como hacen muchos para pintar una Argentina de fantasía. Otros los asumen pero argumentan que el gobierno hace “todo lo que puede”. Es decir que no se imaginan otra política posible que la que establece el oficialismo y que permita resolver estos problemas.

Otra crítica importante que suscribimos, es a la estructuración política los marcos de alianzas del proyecto que hoy gobierna la Argentina, en particular el rol del Partido Justicialista. Al igual que muchos de quienes forman parte de Proyecto Sur y el FAP, creemos que el PJ es una estructura que reproduce el status quo y que no puede ser protagonista de un proceso de cambio social de fondo, ya que esto requiere de la participación directa y masiva de amplios sectores de la sociedad.

Antikirchnerismo ciego y funcional.

Los sectores dominantes lógicamente resisten cualquier tipo de cambios, aunque estos sean moderados. La centroizquierda perdió la brújula cuando el kirchnerismo comenzó a tener conflictos con distintos sectores de poder de la Argentina. Primero fue el Campo en 2008. Luego Clarín. Hoy el poder judicial y muchos que pasaron en el medio. Los tres ejemplos mencionados tuvieron el valor fundamental de visibilizar esas relaciones de poder que se establecen muchas veces tras bambalinas. La existencia de un poder económico, de un poder mediático y de poderes del Estado cuyo funcionamiento suele aparecer por fuera de la discusión política.

Esos conflictos generan una suerte de polarización social. Un sector importante de la población considera que el kirchnerismo es un gobierno autoritario y de izquierda que “quiere llevarnos a ser como Venezuela”. Reacciona ideológicamente contra símbolos como la lucha por los derechos humanos o por la justicia social. En la Ciudad de Buenos  Aires muchos de esos sectores se identifican con el macrismo. Otro sector importante de la población se identifica con las banderas que levanta el gobierno, y algunos dentro de ese sector lo hacen sabiendo que la lucha por las mismas no se lleva a fondo. ¿Con cuál de estos sectores debería dialogar la centroizquierda?

Cegados por un “antipopulismo” a veces más emocional que político, estos  sectores terminaron haciendo propias las banderas del poder dominante de la Argentina. En lugar de cuestionar al gobierno por lo limitado de sus medidas, se ponen la camiseta de la reacción de turno y repiten su discurso.  Denuncian al gobierno por autoritario, por soberbio, por no escuchar a los distintos sectores ni dialogar con nadie, por generar conflictos y dividir a la sociedad, por querer acallar la libertad de prensa, por espantar inversiones, por querer reformar la constitución. ¿Quién construye esa agenda? ¿Es esa la agenda de las fuerzas “progresistas” o es la agenda de los conservadores?

Hoy la agenda del poder indica librar una batalla “en defensa de la República” donde se anotan nuevamente desde Pino Solanas hasta Mauricio Macri. El discurso común de todos estos sectores, que en realidad no tienen ninguna coincidencia política ni ideológica, es la garantía de salir todos los días en Clarín. El oportunismo en vistas de las elecciones termina primando por sobre la coherencia y la firmeza en las convicciones.

Tanto Proyecto Sur, y su principal referente, como el FAP han elegido llevar el antikirchnerismo como rector fundamental de toda su política al extremo que han optado por dialogar con la base social que sale a reclamar contra “la chavización” de la Argentina, antes que con quienes con mucha o escaza expectativa en el gobierno, quisieran que nuestro país avance en un camino emancipador. La coalición Cívica confiesa que el objetivo de la alianza electoral con Proyecto Sur y el FAP es “garantizar que los tres senadores sean de la oposición”. Es decir que no tienen problema en que el PRO obtenga los dos primeros.

Así se explican las declaraciones de Binner y las alianzas que han optado Pino Solanas y Libres del Sur para las próximas elecciones. No son derrapes, sino una orientación política. ¿Tendrá éxito en términos de un resultado electoral? Es posible, pero a costa de dilapidar construcciones políticas históricas y de abonar alternativas que no pueden ofrecer opciones superadoras al kirchnerismo. ¿De qué sirve entonces tener más diputados o conquistar una senaduría?

“Si quieres resultados distintos no hagas siempre lo mismo”. Albert Einstein.

Se utiliza comúnmente como argumento que el fin justifica los medios. Es decir que las alianzas desagradables son males necesarios para alcanzar objetivos más importantes. Pero si la alianza Pino-Carrió redunda en el quiebre de Proyecto Sur mientras que Lilita pasó de sacar menos del 2% a renovar su banca de diputados y reinstalarse como figura de primer nivel en la política, cabe preguntarse ¿quién utilizó a quién? Del mismo modo si el FAP permitió que algunos dirigentes alcancen cargos institucionales pero terminó instalando como alternativa al kirchnerismo a un simpatizante de la derecha latinoamericana, ¿quién salió ganando de esta alianza?

Las definiciones de este “progresismo” han dejado en orfandad política no solo a muchísimos militantes honestos, sino también a organizaciones sociales que no encuentran donde canalizar políticamente su lucha. Se vuelven a cometer errores del pasado, pero si la Alianza en los noventa fue una equivocación política que frustró un proyecto, en la actualidad reeditarla es directamente una opción reaccionaria.

Los conflictos entre el gobierno y los sectores de poder deben servir para tomar la agenda de los sectores populares y exigir medidas de fondo, en lugar de asumir como propia las demandas y el discurso de los de arriba. Los cuestionamientos al PJ y la estructuración de alianzas del gobierno deben ser para construir otro tipo de movimiento político y social, y no una alianza con estructuras igualmente viciadas.

Mientras que todo esto ocurre, un conjunto de organizaciones sociales y políticas nos proponemos construir por fuera del kirchnerismo sin hacer juego a las clases dominantes y sus representantes políticos. Sin favores de los grandes medios, sin atajos que se convierten en callejones sin salida. Apostando a la militancia popular por sobre las maniobras de la politiquería. El día en que dejemos de creer que es posible, deberíamos abandonar la militancia.

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