IMPERIALISMO, ESA MALDITA PALABRA

IMPERIALISMO, ESA MALDITA PALABRA

A propósito del gobierno de Mauricio Macri.

En muchos sectores de  la población, hablar de imperialismo en el Siglo XXI parece algo anacrónico. Es una palabra que suena a viejo, vetusta, más para reírse en un sketch de “bombita rodriguez” de Capusotto que para hablar de la realidad política que nos atraviesa como sociedad. El lenguaje de la postmodernidad nos obligó, entre muchas otras cosas, a abandonar o resignificar muchas de las tradicionales palabras de la política.

La ideología dominante en el mundo hizo su aporte para ese abandono. Según sus postulados, ya no vivimos en un planeta determinado por la dominación de unos países por sobre otros, sino por la multilateralidad. No existen monopolios extranjeros que saquen recursos de países dependientes, sino una economía globalizada en donde se borran las fronteras políticas y económicas. No hay agresiones militares permanentes hacia los países del tercer mundo, sino conflictos bélicos focalizados vinculados a problemas de fanatismo religiosos o étnico, pero nunca políticos y económicos. El Siglo XXI se presenta como un gran salto “civilizatorio” respecto a la barbarie del Siglo XX.

Este relato no es nuevo en la historia. Los defensores del sistema siempre han intentado destacar sus atributos de libertad, armonía y convivencia. La violencia y el conflicto serían anomalías, fallas de un orden que en lo esencial funciona bien. Sin embargo estas ideas no dejan de basarse en elementos reales. Efectivamente el funcionamiento de la economía no es igual al capitalismo de Siglo XX, no vivimos en un tiempo guerras mundiales y grandes conflictos armados y el ascenso de países “emergentes” aunque no iguala al poder de las grandes potencias, nos sitúa en un mapa geopolítico diferente.

América Latina ha tenido la virtud de recuperar palabras en los últimos 15 años. Cuando hace diez años logró derrotarse el proyecto del ALCA, lo vivimos como una conquista de soberanía. Una demostración de autonomía de la región frente a los intereses de los Estados Unidos que querían convertir a nuestro continente en una gran área de Libre Comercio. No fue poca cosa, veníamos de la época en donde las políticas económicas locales se definían en las asambleas del Fondo Monetario Internacional.

Sonará acartonado, demodé, llámese como se quiera pero hay que decirlo con todas las letras y las palabras justas. Hoy América Latina está viviendo una ofensiva imperialista y la Argentina – nuestro país, o mejor dicho su gobierno – se puso a la cabeza. ¿Que el imperialismo opera con mecanismos más sutiles y sofisticados que en el Siglo XX? No hay dudas, pero un imperialismo sutil o sofisticado sigue siendo imperialismo.

Vamos al grano. El embajador de los Estados Unidos en Argentina, Noah B. Mamet declaró frente al nuevo gobierno de Mauricio Macri, sentirse “complacido con el talento reunido en su gabinete y sus otros asesores”[1].  La palabra elegida fue “complacido”. Es que Estados Unidos es el país que más compañías tiene en nuestro país, más de 500 entre las que se destacan Ford, Cargill, Citibank o General Electric que tienen más de un siglo en nuestro territorio. Según el representante político de ese país en la Argentina, todas estas empresas son muy optimistas respecto del futuro inmediato de sus negocios aquí.

Mauricio Macri ha declarado que su objetivo es acercar al MERCOSUR a la Alianza del Pacífico y desde allí avanzar en los acuerdos de Libre Comercio que hoy se discuten en el mundo. Recordemos hace pocos meses se firmó el Acuerdo Transpacífico, que la Unión Europea está discutiendo uno propio con los Estados Unidos y otro con el Mercosur. De concretarse todo esto, nuestra región quedaría subsumida en una gran área comercial dominada por Europa y Norteamérica, una forma de blindarse frente al avance de China y otras potencias emergentes.

La nueva Canciller argentina, Susana Malcorra, declaró recientemente que para ella “ALCA no es una mala palabra” diferenciándose del consenso alcanzado en nuestra región hace una década y que la Argentina debía encontrar nuevos mercados para colocar sus exportaciones. El mito liberal de que el Libre Comercio alienta las exportaciones es nuevamente resignificado, pero en una economía global en donde más de la mitad del comercio internacional es intra-firma. Los acuerdos de Libre Comercio más que “abrir mercados”, resultan en una gran rebaja del costo de transacción de las multinacionales que operan en nuestros países.

Para ser el gran impulsor de estas políticas Mauricio Macri recibirá un sustancioso adelanto. Los bancos europeos y norteamericanos están por desembolsar en nuestro país unos 8.000 millones de dólares en forma de “apoyo” financiero a nuestras reservas. Esta repentina generosidad será operada a través del HSBC, JP Morgan, Goldman Sachs, Deutsche Bank, Citibank, Santander  y BBVA. ¿Existe alguna conexión entre este auxilio financiero y los intereses de las grandes empresas y potencias extranjeras en los acuerdos comerciales? Nuevamente, el imperialismo puede operar de manera sutil pero también de la forma más burda si lo queremos ver.

Una última sutileza. Mauricio Macri eligió cambiar su juramento presidencial. No lo hizo como reza la Constitución por “Dios, la Patria y los Santos Evangelios” sino simplemente por Dios y los Santos Evangelios. Y en lugar de desempeñar con lealtad y patriotismo el cargo de presidente de la Nación” lo modificó por “lealtad y honestidad”. Cambiamos Patria por honestidad. ¿No será hora de recuperar las palabras y asumir una vez más que como a lo largo del Siglo pasado seguimos peleando por tener Patria o entregarnos al Imperialismo?

 

[1]La Nación 6/12/2015

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *
You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>