Entrevista en Revista Sudestada

Entrevista en Revista Sudestada

Cuando Marea Popular anunció que participaría en las primarias de las elecciones legislativas en Buenos Aires, algo cambió en el mapa de la izquierda independiente. Para conocer sus objetivos y propuestas, dialogamos con uno de sus referentes.

A fines de 2012, tres espacios de referencia en el mapa de la izquierda independiente -Juventud Rebelde, Socialismo Libertario y Rebelión-, asumieron el paso de confluir en una experiencia política unitaria: Marea Popular. En los primeros meses de este año, Marea Popular provocó un impacto en los sectores de izquierda cuando anunció la decisión de participar en las elecciones legislativas en la Ciudad de Buenos Aires, como primera experiencia en procura de un camino de visibilización y como continuidad en la búsqueda de una alternativa a las propuestas ya existentes. Proveniente de la militancia universitaria, Itaí Hagman explica la dinámica de este proceso, analiza las variables del presente político y se preocupa por señalar singularidades e intenciones de este nuevo colectivo militante.

¿Qué cambió dentro de las organizaciones que fundaron Marea Popular para dar ese paso unitario?

Dos cosas: primero, hubo un proceso de maduración de las distintas agrupaciones que confluyeron en Marea Popular. Somos organizaciones muy jóvenes, con pocos años de existencia, y que en poco tiempo logramos un nivel importante de desarrollo militante y de inserción en los sectores universitarios, territoriales y sindicales. Por supuesto, al calor de un contexto político que tiene a la izquierda independiente como referencia y como actor político en estos últimos años. Si bien se nutre de una historia que proviene desde la experiencia de lucha en los noventa y en 2001, la izquierda independiente aparece fundamentalmente como bloque, como posición política propia, sobre todo a partir del conflicto con las patronales del campo. Fue entonces que en los sectores populares se generó un debate sobre cómo intervenir. Un actor con una posición diferente de los que forman parte del kirchnerismo, de los armados de la centro izquierda y de la izquierda partidaria tradicional. En segundo lugar, vinculado al debate de cómo pasar de una etapa de articulación de la militancia desde abajo en distintos espacios, a constituirse como un actor que dispute el poder político en Argentina. Allí también se abre la discusión sobre la participación en el área electoral, pero no sólo eso, sino cómo hacemos para que la izquierda independiente gane en visibilidad para dar la disputa en todos los terrenos. La pregunta que todos nos hacíamos hasta ahora era cómo podía ser que contáramos con un desarrollo militante en tantos sectores, y sin embargo, en el debate público no aparecíamos como actor político con opinión propia. Marea Popular surge para intentar dar una respuesta a eso. Por supuesto que no significa que sea “la herramienta”, pero sí un paso en ese sentido. La idea es confluir con otras organizaciones y avanzar para intentar que quienes formamos parte de esta nueva izquierda, podamos tener una referencia, una voz política en el debate. En el campo popular siempre se habla de unidad o del problema de la fragmentación, pero a veces en la práctica no se aborda tanto como sí en el discurso. No tiene sentido seguir fragmentando, multiplicando organizaciones si se puede unificar; no es fácil ni de un día para otro, pero esa es la vocación.

Una de las dudas que surgía era si Marea Popular era una organización nueva o un frente electoral…

No es un frente, es una organización nueva en la cual se fusionaron organizaciones preexistentes, y que hoy tiene su desarrollo en la Ciudad de Buenos Aires y algunos otros distritos y tiene la aspiración de ser una fuerza nacional. Está pensado como una organización política e incluso el desafío electoral lo estamos pensando con otras organizaciones, en la conformación de un frente para dar la disputa en ese terreno.

¿Cómo se saldó la discusión del tema electoral, que siempre fue una cuña dentro de la izquierda independiente?

Nosotros nunca tuvimos una posición antielectoral. Por nuestro desarrollo incipiente, hasta este momento nos autoexcluíamos, pero no desde una visión antipolítica. Las elecciones son un momento donde el debate político se abre, donde se dialoga con sectores amplios de la sociedad, no solamente sobre el proyecto propio sino sobre lo que está en juego. Es una instancia que hay que aprovechar. La decisión se toma por una maduración de nuestras construcciones y por la conciencia de las debilidades también. En las discusiones previas, conocíamos todas las virtudes y las singularidades que constituyen a la izquierda independiente, y que para nosotros son irrenunciables: trabajo de base, la concepción del desarrollo de poder popular, la certeza de que un cambio político y social no se resuelve con tener una oferta electoral atractiva, sino con la construcción desde abajo para cambiar las cosas. Sabemos que no hay transformación social sin poder popular. Pero también somos concientes de que esa misma construcción tenía una debilidad: la falta de vocación para construir referencias públicas masivas y la falta de vocación de poder. Está claro que lo electoral no lo va a resolver ni es la única vía, pero es una herramienta, probablemente una de las más importantes. Presentarse a elecciones hoy tiene que ver con instalar una voz política en el debate público y no tanto con el resultado porque, por más que metamos un diputado, no pensamos que vamos a cambiar las cosas desde la Legislatura.

Por supuesto que dar el paso a lo electoral genera complejidades que hay que analizar, porque el rechazo fuerte de sectores muy importantes tiene una raíz; basta con ver las referencias de otras organizaciones del campo popular que intentaron ese camino. Hay por lo menos dos grandes experiencias: la de los sectores de la izquierda partidaria que nunca lograron superar los niveles de testimonialidad o marginalidad política y, del otro lado, la tradición de otros frentes que en ese camino terminaron absolutamente integrados al sistema dominante, bien desde sectores del kirchnerismo o desde el progresismo. Algunos casos han pasado límites éticos porque hacen cualquier cosa por meter un diputado. Ese peligro está, existe, nosotros no pensamos que estemos vacunados contra esas tensiones de la realidad. No hay una receta para el equilibrio, pero en las discusiones sí estuvo muy presente cómo generar por lo menos una conciencia de eso, un cómo construimos un proyecto que no se quede en la marginalidad, que dialogue con millones de laburantes, que funcione democráticamente, que no se quede en consignas abstractas que no representan para el conjunto de la población una propuesta real, viable. Lo de este año es un primer paso, donde vamos a tratar de reflejar una vocación de poder y de masas; pero al mismo tiempo determinar los límites con proyectos que nosotros sabemos que no podemos construir; más allá de que existan en el kirchnerismo, en el FAP y en Proyecto Sur, miles de compañeros con los cuales sí pretendemos dialogar y construir. Es decir, no se trata de un rechazo sectario, pero sí un límite claro ante las estructuras que dirigen esos espacios. No pensamos tampoco que la izquierda independiente vaya a cambiar a la Argentina a partir de un proyecto solitario, habrá que confluir con otros que tal vez hoy estén militando en diferentes espacios.

(La nota completa en la edición abril 2013 – Sudestada nº 117)

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