El segundo semestre llegó hace rato

El segundo semestre llegó hace rato

“Estoy acá para que los argentinos vivan cada día mejor y más felices” dijo Mauricio Macri el día de su victoria en el balotaje presidencial. Sin embargo, la realidad no se adaptó a las palabras. El 2016 comenzó con más desempleo, inflación y pobreza, lo que llevó al partido oficial a cambiar el discurso. En estos meses escuchamos la idea de que mientras el primer semestre del año constituía un “doloroso” proceso de reacomodamiento de la economía, el segundo semestre mostraría los efectos positivos de las distintas medidas adoptadas. Así es como Macri plantea: “Hoy las buenas noticias comienzan a llegar. Esto se va a ir acelerando con el tiempo”.

¿Qué pasó en el primer semestre?

Los datos del deterioro económico y social son contundentes:- Entre enero y mayo la actividad económica se retrajo -1,1% en relación al mismo periodo del año anterior según datos de la consultora Ferreres, afín al oficialismo .- En ese periodo las ventas minoristas se retrajeron -5,7% interanual según CAME.- En la misma comparación se observa una caída de la industria de -3% según INDEC. Se contabilizan 150.000 despidos desde el inicio de la nueva gestión hasta junio según Tendencias Económicas. Dos tercios de estos en el sector privado.

En abril la UCA estimó 1 millón y medio de nuevos pobres desde que se inició el nuevo gobierno. La inflación interanual pasó de 23,8% a 44,4% entre noviembre y mayo según el Índice de Inflación de la Ciudad de Buenos Aires, gestionado por el oficialismo porteño.

¿Cómo se registró semejante deterioro en tan pocos meses? Una serie de políticas económicas tomadas por la administración macrista explican esta dinámica. La fuerte aceleración de la inflación es producto de la devaluación más grande de los últimos catorce años y del tarifazo. Esto erosionó el poder adquisitivo de la mayor parte de la población reduciendo la demanda y por ende la producción, afectando así al empleo. A los despidos a su vez se le sumó la iniciativa directa del Estado de despedir empleados públicos.

Sin embargo, no todos perdieron en el primer semestre. Tal como hemos estimado*, las medidas del macrismo (devaluación, desregulación de tasas de interés y quita de retenciones) generaron una transferencia de ingresos de 20.000 millones de dólares a los sectores empresariales concentrados.

¿Qué esperar para el segundo?

El segundo semestre parece ya estar configurado por las medidas del primero, pero a diferencia de lo que dice Macri probablemente el resultado no sea el de la recuperación. La pérdida de poder adquisitivo producto del shock inflacionario no será compensada con los aumentos salariales dispuestos en las paritarias. Mientras, como se mencionó anteriormente, la variación de precios supera el 40%, los incrementos salariales oscilan entre 30 y 35% en el mejor de los casos. Esto le impone un límite al crecimiento del consumo, potenciado a su vez por el mayor desempleo.

Por su parte, no se espera que la industria se recupere. Por un lado, por la deprimida demanda interna y un contexto externo desfavorable. Por otro lado, debido a la apertura importadora que dispuso el nuevo gobierno. Paradójicamente a pesar de la caída del consumo las importaciones de bienes de consumo en los primeros cinco meses del año crecieron 10,1% interanual, lo cual da cuenta del desplazamiento del consumo nacional por consumo importado. Esta tendencia amenaza con profundizarse producto de una serie de medidas comerciales adoptadas y por la intención explícita de acercarse a los acuerdos de Libre Comercio de la Alianza del Pacífico y el Tratado Trans Pacífico.

Un aspecto destacado por el oficialismo es que junto al segundo semestre llegarían las inversiones extranjeras. Para principios de junio, los anuncios de nuevas inversiones alcanzaban los 15.000 millones de dólares y eran celebrados por el oficialismo. Sin embargo, el 62% de los mismos ya habían sido dispuestos antes del cambio de gobierno, y la cifra se ubica por debajo del mismo periodo de 2014. Es lógico, en un mundo marcado por el Brexit, la desaceleración china, una Europa que no termina de salir de la crisis y capitales retornando a Estados Unidos, que el panorama de la inversión extranjera no sea alentador. Por otro lado, aún en caso de concretarse, tampoco constituiría un factor determinante para el crecimiento económico, ya que en América Latina los capitales afluyen hacia sectores de poco valor agregado y poca generación de empleo o directamente a actividades financieras especulativas, a la par que potencian la fuga de capitales del país.

Por todo esto, en el segundo semestre el poder adquisitivo del salario continuará reduciéndose y el 2016 será un año de recesión. En este marco es sumamente improbable una reducción del creciente desempleo y de la pobreza. Pero como ya dijimos, esto no es malo para todos. Una porción minoritaria de los argentinos y de empresas y bancos transnacionales que operan en el país se encuentran cosechando los beneficios del cambio. A ellos sí les llegó el segundo semestre, hace rato.
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* “Transfiriendo al capital”, informe elaborado por Itai Hagman, Martín Harracá y Pablo Wahren. Ver informe completo

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